Hay partidos que deciden títulos y otros que deciden caminos. La final de la Supercopa de España en Yeda pertenece al segundo grupo. Barcelona y Real Madrid vuelven a verse las caras lejos de casa, en un escenario que ya se ha convertido en habitual y que, por cuarta vez, albergará un Clásico con un trofeo en juego. Arabia Saudí logró en 2023 lo que parecía una excepción y terminó siendo una costumbre: un Barça-Madrid para abrir el año y, muchas veces, para marcar lo que vendrá después.

Hasta ahora, el balance ha sido claro. Dos títulos para el Barcelona, uno para el Real Madrid. Finales sin demasiada tensión hasta el último minuto, pero con una constante imposible de ignorar. Quien ha levantado la Supercopa en Arabia ha terminado conquistando también la Liga esa misma temporada. Por eso, aunque nadie lo reconozca abiertamente, este título, menor en la escala de importancia para todos, pesa más de lo que aparenta. Vale confianza, autoridad y mucho de futuro.

No existe un partido que concentre más talento, foco mediático y carga emocional que un Clásico. El último enfrentamiento aún está fresco. Tras cinco derrotas consecutivas frente al eterno rival, cuatro en competiciones oficiales, el Real Madrid volvió a ganar al Barcelona en un encuentro en el que Vinicius, Mbappé y Bellingham castigaron sin piedad a un rival espeso, sin alma ni claridad, incapaz de traducir la posesión en peligro y lastrado por las lesiones y el mal momento que atravesaba entonces Lamine Yamal.

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