El Real Madrid se internó en la hoguera de su propio estadio con las mismas carencias que antes de que prendiera el fuego, la misma ausencia de ideas, y gracias a la clarividencia de Güler escapó bastante entero de una tarde de silbatina y dos peticiones de dimisión de Florentino Pérez.

La afición estaba dolida. Su equipo perdió en pocos días dos trofeos en disputa, la final de la supercopa y la eliminatoria de octavos de final de la Copa del Rey. Ganar era una obligación ante el Levante y para suerte del club se quedan los tres puntos en casa: 2-0.

En lo futbolístico, el Real Madrid asumió el protagonismo desde el arranque. Dominó la posesión y empujó al Levante hacia su propio campo, aunque sin lograr traducir ese control en ocasiones claras. La circulación fue constante, pero lenta, y el equipo encontró dificultades para romper una defensa visitante bien organizada y disciplinada.

La primera mitad transcurrió con más ruido que peligro. Un remate desviado de Kylian Mbappé y un cabezazo sin mayores complicaciones para el arquero levantino fueron las principales aproximaciones de un tramo inicial espeso. El Levante, replegado, apenas inquietó en una jugada a balón parado que pasó cerca del arco defendido por Thibaut Courtois.

El Santiago Bernabéu expresó su malestar con silbidos y pañuelos blancos durante el partido ante el Levante, marcado por el debut liguero de Álvaro Arbeloa como técnico del Real Madrid.

Al descanso, el ambiente volvió a encenderse. Silbidos generalizados, pañuelos blancos y nuevos cánticos acompañaron la retirada de los jugadores al vestuario. Arbeloa, en su primer examen liguero, entendió que el partido exigía algo más que paciencia y movió el banco en busca de reacción y energía en el complemento.

El punto de inflexión llegó al minuto 58. Mbappé recibió el balón, encaró con determinación y fue derribado dentro del área. El penal, claro, fue sancionado sin titubeos por el árbitro. El propio delantero francés asumió la responsabilidad y, con frialdad, engañó al portero Mathew Ryan para abrir el marcador. El gol no desató una celebración eufórica, pero sí liberó tensión en un estadio cargado.

Siete minutos después, el Real Madrid encontró la tranquilidad definitiva. Tras un saque de esquina, Raúl Asencio se elevó en el área y conectó un cabezazo certero para el 2-0. El tanto permitió a los blancos manejar el tramo final con mayor control, mientras el Levante se veía obligado a adelantar líneas sin demasiado éxito.

El Real Madrid superó 2-0 al Levante UD en el Santiago Bernabéu.

Más allá del resultado, el partido dejó pistas del mensaje inicial de Arbeloa. Un equipo que busca ser protagonista desde la posesión, que intenta mirarse a sí mismo antes que al rival, pero que aún debe ganar ritmo y profundidad en los últimos metros.

“Queríamos dar una buena imagen y este es el camino”, resumió Asencio tras el encuentro, reflejando el sentir de un vestuario consciente de la deuda con su afición.

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